BAÑOS DEL CARMEN : El final del verano.

 
 
Vista panorámica desde el parque Portada del balneario
 
Hay ciudades que crecen y se expanden, que entronizan la piqueta y esconden su vergüenza tras muros, para que nadie las vea, que nadie recuerde los momentos en que éramos más refinados, tal vez sólo más mundanos, y puede que más alegres, y entonces para llegar a esa Pompeya pequeña y marina hay que traspasar unos muros levantados hace generaciones, y hay gente que murió preguntándose cómo serían esos Baños del Carmen rodeados de murallas, abiertos por una portada que parecía lujosa y había el miedo de que aquello sólo fuera para socios, no para cualquiera venido de barrios lejanos, de Huelin mismo. Y ahí los tenemos, sombra de lo que fueron, vistazo fugaz desde un autobús, una rama de eucalipto, un trozo de toalla, un destello insolente de mar y un entrever de piel mientras al otro lado queda una gasolinera, un vivero que también huye, y la tarde se hace tan lenta y cálida. Único vestigio de una ciudad distinta en la que también estaban los Baños de Diana, de la Estrella y los de Apolo, en las cercanÍas al puerto de Málaga y que el niño Picasso frecuentó y recordaba. Pero que son ya Historia y por tanto una nostalgia sin cura, algo capaz de ser recuperado sólo a través de viejas fotografías
 
Vista de la entrada. La parada de carruajes
 
Así, de los Baños del Carmen, convertidos ahora, y a la espera de una rehabilitación largamente reclamada, se editaron postales mostrándolos como una de las joyas de aquella Málaga desaparecida. En ellas se nos muestran la disuasoria portada, ante la cual pasaba el tranvía, las columnas ahora decapitadas que sostenían un emparrado, el aparcamiento con imponentes coches que podían ser Bentleys o Hispano Suizas, las casetas para los bañistas, el luminoso interior del restaurante que aún se yergue albergando ahora un bar en un estado de maravillosa y detallada decrepitud, atracciones con rótulos tan castizos como 'El descacharre', bancos adornados de azulejos con motivos geométricos, la terraza con quiosco de música con actuaciones en directo.
 
Casetas de baños. Restaurant de verano.
 
Escenas de un ayer irrecuperable. Objetos de cartón que se venden a través de Internet o se apolillan en el fondo resignado de un cajón. Recuerdos de cuando todavía no éramos así o de cuando éramos jóvenes, de cuando vivir era un encargo dejado a los antepasados. Que en esas imágenes parecen dichosos, habitantes de un verano sin final, eterno
 
Pabellones de atracciones. Una vista del emparrado.
 
Hoy, apenas queda nada del esplendor antiguo. La portada y el edificio principal se mantienen, cochambrosos, inestables. Pero en orgulloso funcionamiento. Alrededor, una enorme pajarera se oxida, con barrotes torcidos por la fuerza de algún gañán, las columnas de mármol se mantienen, aunque no todas y desmochadas. El camping cerró años ha, y sólo conserva en funcionamiento la caseta de entrada para cobrar su uso como aparcamiento. Esa zona del camping es ahora una playa de baño casi imposible por el exceso de piedras resbaladizas y por lo tanto un oasis de paz sin niños gritones.
 

El público en la terraza escuchando a la orquesta.

Casetas de baños vistas desde la playa.
 
Mirando las viejas fotos de los Baños del Carmen, se hace mentira que tal lugar existiera, y más aún sorprende que una parte de él se conserve y que sea irreconocible. Ya no existen los pabellones de estilo arábigo que lucían sus tejados abovedados en una tarde de 1924, ya no hay faldas de señoritas tenistas llegando a las rodillas aunque se mantenga una pista de tenis que siempre hay pares de suicidas que las usan. Ya no hay el trajín de parejas ansiosas en los vestuarios, no hay las separaciones de tela a gruesas rayas verticales que daban intimidad o matizada sombra en los años cincuenta. No se canta aquí a las murallas de Troya famosa ni a los muros de Itálica. Simplemente se nombra lo que hubo y lo que hay. Y toda emoción sólo puede venir de esa comparanza.
 
El embarcadero. Vista del balneario.
 
Se han hecho recientemente jornadas allí sobre la cultura del ocio y del agua, se ha discutido sobre la historia del lugar, sobre su futuro, sobre su presente de dejadez y de dulce libertad. Hay planes municipales para devolverle su aspecto de la época esplendor, se habló también de incluirle un centro comercial que lo hubiera desvirtuado. Al menos, haga lo que se haga, hay esperanzas. Nada será peor que lo que ya hay. Tal vez perdamos ese pequeño parque temático de la decadencia que palpita lánguidamente al ritmo de las olas cansadas.
 
Pista de baile de ruleta. Un detalle del Parque.
 
Desde 1918, los Baños del Carmen han pasado por las transformaciones que reflejaban las de la ciudad: fueron alegres los alegres años veinte, y fueron oscuros los oscuros años cuarenta. Creados como establecimiento de temporada por el empresario Enrique García de Toledo y Clemens, el éxito hizo que desde 1922 se mantuvieran abiertos durante todo el año.
 
Otro detalle del parque: Un rincón del parque.
 
Convertirse en lugar de moda hizo que todo acontecimiento de renombre se celebrara allí, desde verbenas a concursos de baile. Tal vez ese éxito fue llevando a que los malagueños desistieran del lugar para contentarse, por huir de la saturación, con cualquier trozo de orilla que no estuviera protegido por muros, o puede que el adivinable bullicio del camping disuadiera a los buscadores de sosiego.
 
   
 
Quién sabe. Ese trozo de arquitectura a la manera colonial sigue erguido, desmoronándose poco a poco, pero manteniendo la apostura suficiente para despertar esa sensación de melancolía que trae el final de cada verano, se intuye el esplendor invisible, los señorítos con canotier, las damas aficionadas al sport y al vermut suave, figuras de gente que años después serían asesinadas o asesinos, una ciudad que todavía era inocente. Y es entonces cuando una ráfaga de aire sopla frente a los Baños del Carmen, riela la luna sobre el horizonte y se aprieta el paso diciéndose que va haciendo falta una chaqueta ligera, una rebequita.

MARIO VIRGILIO MONTAÑEZ

 Fotos bajadas de su sitio original que pueden ver clickeando en http://www.trebejos.org/bdc/index.html

 

Otras fotos de los BAÑOS DEL CARMEN.

Bañista de la época. Foto facilitada por ANTONIO JURADO NAVAS. Agradecidos.

CURIOSIDAD: ANTONIO LÓPEZ, conocido industrial malagueño, propietario de VINÍCOLA MALAGUEÑA, hizo construir en 1922, una bonita fuente de cerámica, de la que manaba vino, en vez de agua.

En el año 1922 se inauguró en terrenos del balneario el primer campo de futbol de Málaga, que estuvo abierto al público, hasta 1941, año en que se inauguraron las nuevas instalaciones de LA ROSALEDA.

Otros dos rincones del balneario.

Fotos cedidas por ANTONIO JURADO NAVAS. Gracias

Durante un concurso hípico.

Casetas de baños.

 

Otra vista general. Foto cedida por SUSANA VÁZQUEZ. Agradecidos.

Vista parcial del balneario. Año 1940.

Jardines del Balneario. Año 1940,