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Tras la muerte de Orson Welles, su hija expresó el deseo
de su padre de ser enterrado en esta tierra que tanto le
embrujó. Pues bien, en el año 1.986, las cenizas del
genial norteamericano fueron depositadas en una finca
rondeña. Su relación con los ambientes taurinos de esta
ciudad fue tan estrecha que su póstumo deseo fue ligar
sus cenizas con la tierra taurina que más que cautivó. Y
se cumplió su anhelo. Hoy, y para la eternidad, las
cenizas de Orson Welles están y estarán para siempre
depositadas en la tierra de Ronda. |
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Orson Welles y Antonio Ordóñez |
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