1ª EXPLOSIÓN NACIONAL DE CANCIÓN MODERNA Y MÚSICA POP DE PUERTO SAGUNTO

1971

 

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Algunos participantes del Festival.

LARRY WALD

Foto cedida por Gerardo Fortuny Soler

 
 

Antes de concluir la grabación de nuestro primer LP en 1971, la casa de discos Palobal nos comunica que hemos de participar en uno de aquellos festivales de la canción que proliferaban en la época y que tenían en común dos cosas: el fin primordial de promocionar turísticamente alguna población con playa y la escasa inspiración de las canciones que concursaban.

El que nos había tocado en suerte era, ni más ni menos que la “PRIMERA EXPLOSIÓN NACIONAL DE CANCIÓN MODERNA Y MÚSICA POP” de Puerto de Sagunto, y en tan acreditado certamen deberíamos defender el tema de nuestro single “Toma tu parte de felicidad”. Servidumbres de la promoción.

Si la idea de participar en uno de aquellos festivales nos resultaba como mínimo detestable, conocer tan bizarra denominación nos puso definitivamente los pelos de punta, de cualquier modo, la obligación que imponía el contrato no nos dejaba escapatoria.

Más resignados que enardecidos nos pusimos en camino con todo el equipo una vez más, y aquel tórrido día 6 de Agosto nos plantamos en la hermosa villa sede del evento, bastante más famosa por su siderurgia que por sus festivales, y recorrimos sus calles desiertas en busca de la plaza de toros amenazada por la inminente “explosión”.

Allí encontramos a una orquesta bastante buena, compuesta por treinta o cuarenta músicos, en pleno ensayo al pie del enorme escenario sobre el que evolucionaba un desconocido cantante que desgranaba la insustancial letra de una típica canción festivalera. Le siguieron otros parecidos.

Ante aquel panorama, comprendí que todos los temores eran fundados y me volví a preguntar: ¿qué pintamos nosotros aquí?.

Todos los demás participantes eran vocalistas de aspecto respetable, acompañados por la orquesta, cantando canciones de estribillo fácil y repetitivo, alguna de las cuales llegaba incluso a incurrir en el viejo truco del elogio explícito al lugar donde se celebraba al festival, con objeto de asegurarse el fervor del público local.

Aunque en principio se habló de ser también acompañados por la orquesta, como todos los demás concursantes, tal vez por falta de arreglos escritos o por la complicación del tema que no era nada convencional, alguien decidió que nos presentásemos sólo con nuestros propios medios, o sea, tocando y cantando como en cualquier actuación, incluso deberíamos utilizar nuestro propio equipo de sonido por el engorro que suponía para los técnicos instalar cinco micrófonos, dada la extravagante manía que teníamos de cantar todos a la vez; así que deberíamos dejarlo todo montado al fondo del escenario, dispuesto para salir y enchufar.

Aparte de esos detalles que, de alguna manera, sirvieron para subrayar aún más si cabía las diferencias con el resto de participantes, debo admitir que la cosa estaba bastante bien montada. La orquesta, como ya dije, era buena; el escenario alto, bien decorado; la iluminación y el sonido no eran muy buenos, pero sí potentes; alojamiento y comidas en el Hotel España, por cuenta de la organización, que además había editado unos profusos folletos a modo de programa, con un texto de presentación del festival, un manifiesto del alcalde exaltando las excelencias de la villa que daba la bienvenida a los artistas y al público llegados para el evento, además de una reseña de cada concursante, con foto, el título y la letra de la canción que defendíamos, por cierto, la nuestra estaba incompleta y contenía errores que la volvían aún más surrealista e incomprensible.

Supongo que alguien hizo la transcripción escuchando el disco y no entendió bien lo que cantábamos.

El presentador era ni más ni menos que Chicho Gordillo, y especialmente lujoso el elenco de estrellas invitadas para cada fin de fiesta: Nino Bravo, Rocío Jurado y admirado Tony Ronald, que entonces era más famoso que ellos.

Aquella misma noche nos presentábamos con coloridas túnicas africanas, en vez de los modernos trajes entallados que lucían los otros participantes varones; melenas al viento en lugar del corte a navaja y las masculinas patillas largas, y la absoluta convicción de que allí no teníamos nada que hacer, por lo cual, lejos de estar nerviosos, íbamos un poco… de cachondeo. Sin embargo, fuimos muy aplaudidos, y antes de acabar la velada, la organización ya nos hizo saber, para nuestra sorpresa, que estábamos clasificados para la final que tendría lugar dos días después.

Esa noche interpretamos nuestra canción con más convicción, considerando, aunque de lejos, la posibilidad de ganar, que casi nos puso nerviosos.

Contra todo pronóstico, no sólo habíamos llegado a la final, sino que ganamos rotundamente el festival. Nos llevamos por aclamación el doble primer premio:

Premio a la mejor canción: dotado con 75.000 pesetas, una considerable suma en 1971 que nos repartimos como buenos hermanos, aunque los autores somos Eliseo y yo, y:

Premio a la mejor interpretación: que consistía en un trofeo de oro (chapado) cuya custodia otorgamos a Toni como reconocimiento de su liderazgo, aunque él, humildemente, prometió hacer rotativa su posesión.

Una vez proclamado el veredicto del jurado y recibidos los premios para envidia de algunos concursantes (que sin no recuerdo mal elevaron una airada protesta oficial), ya como vencedores, volvimos tocar “Toma tu parte de felicidad”, que fue recibida con una ovación y luego premiada con otra incluso mayor al final. No podíamos creer lo que estaba pasando.

Imágenes cedidas por Toni Palacín. Gracias.

Al día siguiente fuimos agasajados con una comida en nuestro honor en el mismo hotel a la que asistieron las fuerzas vivas que nos despidieron en loor de triunfo. La paella no fue la mejor que he degustado hasta hoy, pero seguramente sí hasta entonces

Recortes cedidos por Toni Palacín. Agradecidos.

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Volvimos a cargar los bártulos en la furgoneta y nos despedimos, casi seguros de que era para siempre, del Puerto de Sagunto y de aquel bomboncito llamada Connie, que tan bien nos trataron. A mí en especial.

JOSÉ VALVERDE (PEPE ZAPPA) de MI GENERACIÓN