Pintor malagueño de la generación del 50

No pinto para la posteridad. No creo en eso. La muerte y el tiempo acaban con todo. Pintar, es para mi, un camino cuyo fin no es la pintura. Tal vez ese fin sea la belleza, la perfección o la verdad. Seguramente estoy buscando el sentido último de las cosas en esa verdad .Estoy seguro de que busco a Dios y sé que alguna vez en el tiempo ,en el espacio o en la dimensión adecuada, lo encontraré. Gabriel Alberca

El ilusionante viaje para ver al genio

En 1957 un grupo de jóvenes pintores malagueños, bajo el nombre de ‘Peña Montmartre’, emprendimos un viaje, hasta Cannes en una furgoneta DKW; con la baca repleta de lienzos, el maletero lleno de productos típicos de Málaga, (chanquetes, pasas, almendras, ceretes de higos y hasta un saquito con arena de sus playas) y el corazón plagado de ilusiones, sueños y el deseo imperioso de conocer a Pablo Ruiz Picasso.

En la foto: Virgilio Galán, Guevara, De Ramón, Alberka, R. Serra, Picasso, Jaqueline y Sabartres entre otros.

Después de un largo viaje, que se hizo menos duro, por las bromas y anhelos compartidos, al llegar a Cannes nos dirigimos a Ville Californie, donde el el encuentro con el maestro fue interesantísimo y ameno (incluso nos preguntó si todavía había palomas en la Plaza de la Merced y si aún sonaban los tanguillos del Piyayo). Picasso (un gran tipo, cercano y jovial) nos dijo: -Bueno, a ver que pintáis- y nosotros no nos hicimos rogar mucho y colocamos nuestros trabajos las escaleras de la entrada. Unos minutos después apareció Picasso, con unas cuantas obras suyas, que depositó al lado de nuestros cuadros, diciendo: - Para que sea una exposición de pintores malagueños.

   

Fotos de la ‘exposición’ en los escalones de Ville Californie.

Picasso bautizó a aquel grupo de pintores como "Grupo Picasso". Antes de la despedida, aún hubo tiempo de conversar placenteramente y de hacerse unas fotografías. Fue un encuentro inolvidable.

Picasso y Alberka.

 
 

Con motivo del cincuentenario de la visita a PICASSO

 

IBA a ser un regalo de cumpleaños. Querían llegar el 25 de octubre y felicitar al artista por sus 76 primaveras. Empezaron a preparar el viaje con tiempo, por el mes de julio; sin embargo, no salieron hasta noviembre. La culpa la tuvo el papeleo. En España, en 1957, salir del país no era tan fácil. Estos días se cumple medio siglo de la pequeña odisea que emprendió un grupo de pintores malagueños para visitar a Picasso en su residencia del sur de Francia. Apenas eran unos veinteañeros y el genio, cuando los vio llegar, les dijo: «Ahora podéis llamarme abuelo».

Gabriel Alberca, Virgilio Galán, José Guevara, Alfonso de Ramón, el empresario Francisco Ramos y su hijo y Vicente Serra. Siete personas a bordo de una furgoneta DKW. Veinte días para recorrer 1.600 kilómetros. No tenían prisa. Paraban en los pueblos para pintar, descansar y charlar con los vecinos que se cruzaban a su paso. Guevara llevaba su cámara y las imágenes que tomó -muchas de ellas inéditas- componen la exposición 'Itinerario hacia Picasso. Málaga-Cannes-Villa California', que en unos días abrirá sus puertas en el Museo del Patrimonio Municipal.

La muestra pretende «contar el viaje con material gráfico y con algunas obras de los artistas que formaron parte de aquella expedición», tal y como lo explica la profesora de la Universidad de Málaga, Teresa Sauret, responsable del proyecto. Así, junto a las fotografías de Guevara, se van a exponer piezas como 'Bodegón cubista' de Alberca, 'Paisaje parisino' de Virgilio o 'Amanecer' del propio Guevara. Algunas piezas proceden de la propia colección del museo, mientras que otras llegan desde diversas colecciones particulares.

Para Sauret, aquellos aventureros fueron «unos pioneros en acercar a Picasso a su ciudad natal». Por eso, en la furgoneta no sólo llevaban sus cuadros, ropa y algunas viandas, también echaron «pasas, vino dulce, arena de La Malagueta y una caja de chanquetes escondida entre las maletas», según los recuerdos de Alfonso de Ramón, quien mantiene viva en la memoria la «sencillez y amabilidad» con la que Picasso recibió en su residencia a aquel grupo de jóvenes paisanos.

«El maestro os espera»

El artista no estaba en 'La Californie' cuando llegaron a Cannes, así que decidieron hospedarse en la residencia de estudiantes de la ciudad. Sabían que Picasso no recibía muchas visitas y que la recepción era incluso improbable. La sorpresa llegó justo al día siguiente, cuando Jaume Sabartés, secretario del artista, les llamó por teléfono y les anunció: «¿El maestro os espera!».

Compartieron dos jornadas con el genio. La primera la dedicaron a echar la vista atrás. José Guevara recuerda que el artista tocaba con la yema de sus dedos la tierra que habían llevado de su tierra natal y le explicaba entre risas a su compañera, Jacqueline Rocque: «Allí la arena de la playa es negra». Picasso tarareaba unos tanguillos de El Piyayo y preguntaba a sus invitados si seguían en la plaza de la Merced los bancos de mármol de su infancia.

Alberca, Galán, Guevara y De Ramón habían viajado además para protagonizar una exposición en la Biblioteca Española de París. Por eso llevaban en la baca del coche un conjunto de cuadros que traían desde Málaga, junto a otros que pintaron por el camino. Al conocer la iniciativa, Picasso les firmó una carta de recomendación, pero antes tuvo con ellos un gesto que ninguno ha olvidado.

Habla Gabriel Alberca: «El segundo día, nada más llegar, nos pidió que colocáramos nuestros cuadros en las escaleras que daban acceso a la residencia. Él cogió cuadros y esculturas suyas, los colocó entre los nuestros y dijo con una sonrisa: 'Ahora esto sí es una exposición de artistas malagueños'».

Un pequeño milagro

La exhibición en el consulado español fue un éxito. Vendieron todos los cuadros, pero sólo Guevara se quedó en suelo francés. Había cumplido con sus obligaciones militares y permaneció unos años en París, estudiando y profundizando en su faceta artística. El resto regresó a Málaga con una experiencia que se ha quedado marcada a fuego en sus biografías. «Es sobre todo un recuerdo emotivo, el impacto que nos causó se ha ido sedimentando y al final ha quedado la sensación de haber vivido un milagro», en palabras de Alberca.

La música del azar les guió durante todo el viaje. Eran una representación de aquella Peña Montmartre que se reunía en El Pimpi. Un letrero con el nombre del grupo colgaba de una de las puertas de la furgoneta. Al cruzar los Pirineos, un golpe de viento arrancó el cartel. Se quedaron huérfanos de nombre, hasta que Guevara comentó: «Bueno, ¿que os parece si ahora nos llamamos el Grupo Picasso?». Y así se les conoce desde entonces.