LA TIENDA DE MANUEL

 

En Haza de la Alcazaba,

Allá en los años cincuenta,

Quedaban bastantes casas

Pero solo había una tienda.

 

El número diecinueve

Era una vieja casona

Que conoció buenos tiempos,

Pero el tiempo no perdona.

 

Un portón grueso y pesado

Pero de buena madera,

Te daba paso al portal

Que precede a la escalera.

 

Y allá a  la izquierda, otra puerta,

Otra puerta que a su vez,

Casi siempre estaba abierta.

Es la tienda de Manuel.

 

Era una tienda pequeña

Era tienda y almacén

Y también era la vivienda

Donde vivía Manuel,

 

Con su esposa y sus tres hijos,

Encarna era su mujer,

Los tres hijos se llamaban

Manolo, Antonia y Andrés

 

Un mostrador de madera,

Pañiles y estanterías

Y cajas que contenían

Mil y una mercancías.

 

En la gama alimenticia

Allí se podía encontrar,

Cualquier cosa que el cliente

Pudiera necesitar.

 

Aceite, vino o vinagre,

Los garbanzos, las lentejas,

Alubias blancas o pintas,

Azúcar blanca o morena.

 

Los pimientos, los tomates,

Cebollas y berenjenas,

Manzanas, melocotones,

Melones, sandías, peras.

 

Todas las clases de frutas

Que la temporada diera.

Pan, harina, chocolate,

Toda clase de galletas,

 

Atún, caballa, aceitunas,

Mejillones en conserva,

Hablando de comestibles,

Todo lo que le pidieras.

 

También estaba surtida

Aquella pequeña tienda,

De colonias, brillantina,

Agujas y cremalleras,

 

Hilos de varios colores

Y ligas para las medias.

Lazos, broches, alfileres,

Imperdibles o tijeras,

 

Cuchillas para afeitarse

De la Rosa o la Palmera. 

Todo esto contenía

Y mas, la pequeña tienda

.

Manuel era un hombre alto,

Enjuto y de piel morena,

De mirada penetrante

Y de nariz aguileña

 

Al alba se levantaba
Y andando o en bicicleta,

Se iba para el mercado

Para reponer la tienda.

 

Cuando Manuel se marchaba,

Era Encarna la tendera,

Que la tienda no cerraba,

La tienda siempre está abierta.

 

Volvía a media mañana,

Empujando la trasera

Del carro que había alquilado

Allá en El Muelle de Heredia.

 

El dueño tira del carro, 

Enganchado a una correa,

Manuel, por detrás empuja

Para aliviar la carrera.

 

Los niños chicos del barrio,

Los niños de la Verea,

Esperábamos el carro

Al principio de la cuesta

 

Y empujando por detrás

Con nuestras exiguas fuerzas,

Le ayudamos a subir

Hasta llegar a la tienda.

 

'Manuel, que dice mi madre

Que me de pan y manteca

Y medio kilo de azúcar

Y que lo apunte en la cuenta'.

 

Y Manuel le despachaba

Y sacaba una libreta

Mugrienta ya por el uso

Y echando mano a la oreja,

 

Tomaba un lápiz pequeño

Y mojándolo en la lengua,

Apuntaba lo pedido

Ajustando bien las cuentas.

 

Cuanto fiaba y fiaba,

Cuanto apuntó en la libreta, 

Cuantos quites le hizo al hambre

Desde su pequeña tienda.

 

Cuanta gente le debía

Hasta que pagar pudiera

Y cuantas cuentas morían

De viejas, en la libreta.

 

La tienda fue para el barrio

Una puerta siempre abierta

Y Manuel el hombre bueno

Que apuntaba aquellas cuentas

 

Que nunca cobrar podría

Dios en su gloria lo tenga.

Te lo debía Manolo,

Que yo estuve en la libreta.

 

Por cierto, se me olvidaba,

El Manuel de nuestra tienda,

Era el padre de un amigo.

Padre de Manolo Reina.

 

José Antonio Párraga Rivas.