OLEGARIO
RAF

 
Raf vuelve a trabajar para Bruguera en 1966. Lo hace trayendo como novedad a su Olegario, un oficinista casado y con una hija joven, que, de la noche a la mañana, cambia totalmente de aspecto. La brusca transformación del Olegario original en el Olegario definitivo ejemplifica la inquietud creativa de Raf. El primero enlaza con la etapa primitiva del dibujante y recuerda bastante a Casimiro Futbolete, el segundo, rejuvenecido y modernizado, da paso al nuevo periodo profesional de Raf. La fluidez del trazo ya estaba, pero faltaba mejorar el aspecto del personaje. El formato definitivo de este personaje, que en cierto modo es una transformación de hombre a niño. Este concepto, del hombre-niño lo vemos explicitado en la viñeta en la que Olegario va al peluquero y se hace cortar el pelo sentado en el caballito para clientes infantiles (en la más estricta intimidad).

El Olegario primitivo responde al canon, clásico ya, del español medio, un poco al estilo de López Vázquez (el prototípico españolito de a pie): de baja estatura, calvo y con bigote, tal como hemos visto al actor madrileño en innumerables películas, con la adición de un sombrero (prenda muy querida por los dibujantes por la ayuda que presta a la caracterización eficaz de un personaje). El Olegario moderno comparte con el primigenio un cuerpecillo breve y garboso y también, la inveterada costumbre de llevar desatados los cordones de los zapatos (sello inconfundible de los "monos" de Raf) y se diferencia de él en la cabeza, poblada esta vez de una rala cabellera rubia y rostro afeitado, mucho más juvenil.