
Griñán,
con una de sus cámaras. / YOLANDA
MONTIEL
«Esta es mi locura, es
mi capricho». Cuando te acercas a conocer el
archivo fotográfico de Eugenio Griñán, conoces a
un hombre enamorado de Málaga y de su profesión.
Ahora, tras más de medio siglo dedicado a su
estudio, tira de la persiana para cumplir un
sueño: «Voy a dedicarme a lo que realmente me
gusta, el coleccionismo. Tengo un cachito de la
historia de Málaga en cada una de mis
fotografías».
Eugenio Griñán, hijo y
nieto de fotógrafos, ha crecido entre negativos
y líquidos de revelado. «Mi padre era fotógrafo
ambulante, de los que llevaban caballito,
telones y la caseta ‘fotoflash’, con el atrezzo
de bandolero y ese tipo de cosas. Yo le acompañé
desde niño», recuerda con nostalgia.
Gran dedicación
Desde los 16 años
trabajó para revistas de toros y fútbol, y
colaboró en los periódicos ‘Diario de la Tarde’
y ‘El Sol de España’. Además, Griñán es conocido
por dejar constancia de aquella época en la que
las estrellas del cine se paseaban por Málaga en
los años 60 y 70. «Antes no era como ahora.
Cuando vino Frank Sinatra, yo fue el único
fotógrafo que había allí», recuerda.
La mirada se le
enternece comentando sus fotografías. «Mira
Marisol, qué simpática y graciosa era la
chiquilla; ésta es Claudia Cardinale, que vino a
rodar una película; éstas son de cuando Antonio
el Bailarín inauguró las Cuevas de Nerja»,
comenta mientras repasa sus obras entre miles de
anécdotas.
Ahora tiene una idea en
su mente: «Quiero montar un laboratorio en
blanco y negro con cubetas, ampliadoras y
farolillos, todo de los años 60, incluso con los
atrezzos antiguos. Todo para tocarlo, para que
los malagueños lo disfruten». Griñán ha logrado
reunir más de 600 cámaras fotográficas y 200
proyectores de cine que le gustaría sacar a la
luz, además de contar con un fondo documental de
la ciudad desde los años 60 y de las
personalidades de la época. «Me gustaría montar
una exposición de material propio, todo de mi
familia, y que eso sea mi orgullo», explica.
Financiación
Griñán echa de menos la
colaboración de los organismos oficiales para
poder exponer sus obras. «Ojalá pudiera darle a
Málaga la categoría de Capital Cultural 2016. Yo
quiero decirle a Málaga: toma, aquí tienes esto
y puedes venir a verlo», expone. «Me he ganado
la vida honradamente y he promocionado mi
ciudad. Además he procurado tener unos fondos
que quiero enseñar», prosigue. Con cierta
tristeza, este fotógrafo teme que sus obras
caigan en el olvido: «Tengo fotos de los
comienzos de Antonio Banderas que son buenísimas
y nadie me ha propuesto nunca sacarlas a la
luz».
La fotografía ha
marcado su vida. Cuando era tan sólo un niño, un
hombre le pidió que retratase a una niña de
nueve años que montaba a caballo. Una vez ya
casado, observó entre las pertenencias de su
mujer un álbum de ella en su niñez y halló una
fotografía que le llamó sobradamente la
atención. Casualidades de la vida, años atrás
había fotografiado a una niña que con el tiempo
resultaría ser su mujer y no se habían
reconocido hasta entonces.
Lo que más enorgullece
es haber vivido de la fotografía.